Los Fantasmas
—Hola, eh… lo llamaba para saber si todavía sigue rabón por lo que pasó
—Pues no sé, creo que ya se me está pasando, pero aún sigo rabón
—Ah bueno, entonces hablamos después
—No, no, todo bien, no cuelgue, espera que quiero hablar contigo
—Esta bien, ¿que pasó?—dijo ella
—¿Sigues hablando con Javier?—preguntó él
—¿Eso qué tiene que ver?…
—Tú sabes que no me gusta. Ese tipo todavía te tiene ganas.
—Deja la paranoia, ¿si?
—Responde mi pregunta por favor.
—Mira… deja de vivir con miedos, deberías confiar un poco más en mí. Deberías matar esos fantasmas. Luego de esto, ella tiró el teléfono.
—Hola —Iván, con las manos bañadas en sangre, había tomado el teléfono y marcado febrilmente el número—. Que pena lo perdido, pero había estado un tanto ocupado desde la última vez que hablamos.
—Ah ya… pensé que todavía estabas bravo y por eso no te llamé, ¿cómo te ha ido?
—Bien, estuve pensando sobre lo que me dijiste, lo de los fantasmas…
—Y dale con ese cuento…
—No, no, todo bien, ya los maté. Perdóname.

Escribe un comentario